Wednesday, May 8, 2013

un nino autosuficiente


Yo crecí con la firme noción de que nuestra niñez termina cuando tenemos que comprar nuestras propias gelatinas!. 
          En cualquier parte del mundo ser un niño es algo difícil, especialmente cuando se es de cualquier país del continente latino americano y en el mio no fue ninguna excepción, puedo decir que aun en este tiempo cada vez que cuento esta historia algunas personas (especialmente mujeres) sienten ganas de llorar, y algunas lloran de verdad.

           Para esto tengo que remontarme un poco al pasado a cuando tenia por ahí de siete años de edad, vivía yo en mi México lindo y querido, y cursaba en el segundo grado de primaria en la escuela "Lidice" allá en la cremosa colonia San Jerónimo y como desde que tengo o, he tenido memoria siendo criado por solo mi Padre (mi Superman) quien siempre, cada vez que le pedía dinero para algo me decía "tienes que aprender a trabajar para ganar dinero", o, "Las golondrinas no te van a mantener", y en el momento en que yo le pedía que me acompañara a algún lugar porque estaba solitario, u obscuro, o porque era muy tarde y no quería ir solo, me decía "tienes que aprender a hacer las cosas por ti mismo, no creas que siempre voy a estar contigo" recuerdo como le contestaba "claro que si, tu siempre vas a estar aquí conmigo". Desafortunadamente para mi (como para todo el mundo) la vida me daría una lección en esa respuesta.

     Siempre, en lo que sea que fuera que yo quería fui muy especifico y siempre lo tenia, no importaba si tenia que trabajar para ello, y todo esto tubo que ver el que me gustaran tanto las gelatinas, me gustaban tanto al punto que en cuanto mi papa dejo de darme dinero para comprarme mis gelatinas fui a la tienda, bodega, o lo que fuera que era (la verdad no me importaba yo solo quería hacer un dinerito para comprar mis gelatinas) y le dije al encargado que "me gustaría vender de sus gelatinas", y mas rápido que pronto ya andaba en la calle con mi charola con unas quince piezas (las cuales incluían de jerez mi sabor favorito) vendiendo gelatinas, las cuales me tomaba un par de horas venderlas y tan pronto las terminaba de vender me convertía en el niño mas feliz del mundo comiendo mi gelatina favorita. Pero no todo era tan simple y limpio como pareciera en ese entonces, por ejemplo les diré de una ocasión en que en mi afán por vender mis gelatinas tuve que hacer algo que en aquel entonces para mi me resulto un tanto inocente, en esa ocasión en que cuando aun me quedaba la mitad de mis
piezas por vender (unas 8) me tropecé y me caí, por lógica mis gelatinas rodaron todas por el suelo, y yo sabiendo que no podía perder tantas gelatinas las levante y las lave según yo hasta quitarles toda la tierra que se les había pegado y las coloque en mi charola de nuevo y las vendí, no necesito decirles que algunas (si no es que todas) de las personas que las compraron se quejaron al respecto diciendo que se sentía como tierra en ellas, y yo solo me limite a decir "de verdad? no se, nadie me había dicho nada".                                                              Después de eso ya no le volví a comprar gelatinas a los niños que las vendían en la calle, pero aun me gustan mucho las gelatinas, especialmente las de sabor jerez, pero claro, ahora que ya he madurado en la vida, que tengo dinero las gelatinas han caído de mis lista de prioridades, yo pienso que no es porque ya no sea yo un niño sino porque ya no es tan emocionante y difícil de adquirir, o comprar como solía ser.
          Regresare con ustedes con mas (no, no mas gelatinas) historias, mientras estén a salvo, coman sus verduras y me leen mas tarde, cambio y fuera.



(Image from http://catalystoc.com/blog/2010/08/forge-the-jell/-o)

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